¿Estás conforme con tu cuerpo?

¡Descubre la “dignidad de tu cuerpo”!

Homilía – Monseñor Han Lim Moon
3er Domingo de Pascua – Ciclo B – 18/4/2021
(San Lucas 24,35-48)
¿Qué piensas y qué sientes acerca de tu cuerpo? ¿Estás conforme? ¿Lo cuidas? ¿Piensas que es sólo para la atracción, el placer o un instrumento para el servicio? Hoy, Jesús te revela un aspecto muy valioso sobre tu cuerpo que posiblemente no habrás imaginado.

Cuerpo de Jesús Resucitado

En el evangelio de hoy, Jesús se apareció a sus discípulos y los saludó diciendo: “la paz esté con ustedes”. Ellos creían ver un fantasma a pesar de que ya habían escuchado acerca de su resurrección. Entonces, Él les mostró sus manos y sus pies con las llagas de los clavos, aclarándoles que un fantasma no tiene ni carne ni huesos. Sin embargo, como aún dudaban, Él comió delante de ellos un trozo de pescado asado que le entregaron.
En  este relato, Jesús resucitado quiso mostrar que tenía un cuerpo real y que no era un fantasma ni una alucinación de los discípulos. Pero este cuerpo de Jesús era absolutamente superior al que tenía antes de su muerte, porque ya no tenía limitaciones ni de tiempo ni de espacio. Por eso, pudo aparecerse y desaparecerse libremente más allá de las barreras materiales. Y San Pablo lo llama “cuerpo glorioso” (Filipenses 3,21) o “espiritual” (1 Corintios 15,44).
Justamente Jesús se refería a su cuerpo resucitado y glorioso cuando habló del templo que sería destruido y reedificado en tres días por Él (cf. San Juan 2, 18-22). En este templo que es su cuerpo real muerto y resucitado entramos en comunión con Dios Padre.

Cuerpo de Jesús después de su Ascensión

Pero a Jesús, después de su ascensión al cielo ya no lo vemos más, entonces, ¿dónde encontramos ese cuerpo real resucitado, “ese nuevo templo”? ¡En el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre que Él mismo nos dejó por medio del pan y vino! Y que celebramos en todas las Misas: “Coman…esto es mi cuerpo…Beban todos de él porque este es el cáliz de mi sangre”.

¿Y qué sucede cada vez que comemos su Cuerpo y bebemos su Sangre?:

• Nos hacemos uno con Él,
• y, en Él, formamos un solo cuerpo entre nosotros (cf. 1 corintios 10,16s),
• así fortalecemos nuestra comunión con Cristo y entre nosotros, que ya tenemos desde el bautismo.
La Buena Noticia sobre tu cuerpo
Entonces, ¿cuál es la Buena Noticia de hoy para nuestro cuerpo? Al unir nuestro cuerpo al cuerpo muerto y resucitado de Cristo, nuestro cuerpo se convierte en “templo digno” donde Dios habita (cf. 1 Corintios 6,19). Así, lo glorificamos en nuestro cuerpo (cf. 1 Corintios 6,20), ofreciendo todo lo que somos y lo que hacemos cada día (cf. Romanos 12,1).
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Querido amigo, querida amiga, tu cuerpo no es simplemente un conjunto de carne y huesos. Más allá de que tengas un cuerpo hermoso o no, ¡tu cuerpo es muchísimo más hermoso y valioso de lo que imaginas! Porque eres el “templo de Dios” y ya estás en camino a la unificación plena de tu cuerpo con el cuerpo espiritual, incorruptible y glorioso de Cristo.

Por eso,  pídele al Señor todos los días: “Señor, concédeme la gracia de experimentar que soy precioso, preciosa en cuerpo y alma a tus ojos” (cf. Isaías 43,4). Entonces, ¡serás cada día más feliz testigo del Señor resucitado! Amén.

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