¡La experiencia de dar a luz un hijo! Tu dolor y tu alegría, ¡pueden convivir juntos!

Homilía-Monseñor Han Lim Moon

5to Domingo de Cuaresma-Ciclo B-21/3/2021

(San Juan 12, 20-30)

“La mujer, cuando va a dar a luz siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo ”(San Juan 16, 21). Jesús dijo esto antes de su pasión.

            El grano de trigo

En el evangelio de hoy, Jesús se compara a sí mismo diciendo: “les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere da mucho fruto” (v. 24). Es decir, así como el grano de trigo debe morir para germinar en espiga y dar mucho fruto, de la misma manera, el Hijo de Dios encarnado en la tierra debe morir para dar mucho fruto por medio de su resurrección, regalando así la vida eterna a todos los hombres.

            A continuación, Jesús nos invita a todos los cristianos a compartir su misma suerte diciéndonos: “el que se aferra a la vida, la pierde, el que desprecia la vida en esta tierra la conservación para la vida eterna” (v. 25). Es decir, necesitamos morir para vivir y dar mucho fruto. ¿No te resulta extraña esta invitación de Jesús? ¡¿Morir para vivir ?!

            Morir para vivir

Aquí, la muerte no sólo se refiere a nuestra muerte física, sino también a nuestras “muertes” de cada día.

Entonces, ¿qué significa compartir la muerte con Jesús en concreto?

  •       –  Rechazar todo lo que se opone a sus enseñanzas, como el egoísmo, mentira la, la idolatría, etc., en una palabra, rechazar el pecado.
  •       – Permitir y aceptar que el otro sea diferente porque, en principio, la diferencia es una riqueza que nos complementa.
  •       –Por eso, sin desvalorarnos, dar prioridad al otro valorando su aporte: opiniones, sentimientos, talentos, etc.
  •       – Favorecer las condiciones para amar y servir mejor a los demás, por ejemplo, cuidando nuestro cuerpo o capacitándonos.
  •       – Aportar al otro nuestra riqueza a través del servicio que, en general, implica el sacrificio. Especialmente ofrecerle a Cristo vivo, que es nuestra mayor riqueza.

Todas estas “muertes” deben ser un hábito y una actitud interior, de toda la vida y con todos

Ahora bien, ¿es fácil morir? ¡Seguramente que no! Por eso, Jesús mismo, ante su pasión y muerte, dijo: “me encuentro profundamente angustiado…” (V. 27). Muchas de nuestras “muertes” de cada día tampoco son agradables, sobre todo cuando nos humillan, persiguen o, inclusive, quieren matarnos a pesar de nuestros buenos propósitos a favor de los demás. Y nuestra angustia se agrava aún más al no saber si nuestro sacrificio dará fruto o no.

Razones y aceptación de nuestra “muerte”

A pesar de todo esto, podemos aceptar “morir” por dos razones:

  1. Por creer en Jesús, quien murió y resucitó por amor a nosotros y nos invita a participar en su obra redentora.
  2. Y por la esperanza puesta en Jesús, quien dará mucho fruto, la vida eterna, para todos; como la mujer que da a luz, que a pesar de su angustia, tiene la esperanza de traer un hijo al mundo

En definitiva, ¿sabes qué significa ser cristiano, seguidor, seguidora de Cristo? Compartir la misma suerte que Él: el camino de la muerte a la resurrección para dar mucho fruto pero siempre con Él y en Él.

Querido amigo, querida amiga, sé que todo esto parece una lógica muy extraña, ¡morir para vivir eternamente soltando esta vida! Si aceptas, tendrás más libertad y disfrutarás mucho mejor de esta vida y, finalmente, de la vida eterna.

¿Te animas a vivir esta Buena Noticia de Jesús? Morir para vivir plenamente? Amén.

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